Lunes 17 de enero 2011

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La salud del presidente de la República es un asunto de seguridad nacional. Tan simple porque sus decisiones afectan, para bien o para mal, la vida de los mexicanos, y determinan las relaciones políticas, económicas y sociales con el mundo. Por eso el gabinete de seguridad nacional debería estar preocupado y alerta de lo ocurrido hace unos días a su jefe Felipe Calderón, quien ha llegado a un punto mental de negar dichos y hechos que antes repetía insistentemente, debido principalmente al miedo y la presión que siente por la amenaza del narcotráfico.

Se trata de esa declaración comentada ampliamente la semana pasada, en donde Calderón sostuvo en una entrevista pública que nunca había calificado como una “guerra” el combate que el gobierno federal sostiene en contra de la delincuencia organizada. De inmediato, los medios de comunicación desmintieron al presidente y lo exhibieron, con grabaciones de imagen y voz, cómo insistentemente desde que llegó a Los Pinos ha repetido una y otra vez que se trata de una “guerra” del Estado en contra de los cárteles de la droga.

Esta contradicción en el pensamiento del mandatario mexicano no es cosa menor y debe ser analizada por un cuerpo médico de especialistas, para determinar si su estado de salud físico y mental le permite todavía gobernar. Sobre todo porque en el tema de la delincuencia organizada y la violencia generada en todo el país, lo ha sometido a duras críticas y presiones por los más de 33 mil muertos en sus cuatro años de gobierno y más de 15 mil sólo en 2010.

Recordamos que hace algunos años, cuando arrancó su campaña a la Presidencia, Calderón se refirió al candidato opositor Andrés Manuel López Obrador como “un peligro para México”, y hace apenas unos meses, en una entrevista radiofónica, el mandatario argumento que el odio y la rabia social del excandidato presidencial había contaminado a un importante sector de la sociedad.

Ahora, desesperado, contradictorio y bipolar en su forma de gobernar, Calderón debería someterse a un tratamiento clínico para determinar si sus decisiones sobre el país son las mejores para los mexicanos, y aclarar si él se ha convertido en “un peligro para México”.

En Estados Unidos piensan lo mismo y están preocupados en ese mismo sentido. Así lo hizo saber la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien según las filtraciones de Wikileaks sobre México, la funcionaria solicitó en uno de los cables fechado en diciembre de 2009, se le informara cómo está afectando en la personalidad del presidente Felipe Calderón y en su forma de gobernar, las noticias adversas de la “guerra” contra el narcotráfico y la crisis económica. Son ellos ahora los que consideran que el mandatario mexicano puede ser un peligro para su seguridad nacional.

Un trastorno afectivo bipolar

Como referencia, en la enciclopedia de Wikipedia se explica que la enfermedad de trastorno afectivo bipolar (TAB), también conocido como trastorno bipolar y antiguamente como psicosis maníaco-depresiva, es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado de ánimo.

Agrega que clínicamente se refleja en estados de manía o, en casos más leves, hipomanía junto con episodios concomitantes o alternantes de depresión, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la alegría y la tristeza de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología.

Por lo general, dice Wikipedia, tiene expresión por un desequilibrio electroquímico en los neurotransmisores cerebrales. Adicionalmente, debido a las características del trastorno bipolar, los individuos tienen más riesgo de mortalidad por accidentes y por causas naturales como las enfermedades cardiovasculares. A pesar de ser considerado un trastorno crónico y con una alta morbilidad y mortalidad, una atención integral que aborde todos los aspectos implicados: biológicos, psicológicos y sociales, puede conseguir la remisión total de las crisis, de ahí la gran importancia de que el diagnóstico del afectado sea correcto.

El elemento básico para el tratamiento del trastorno bipolar es la toma de conciencia del problema, su conocimiento por parte del afectado y sus allegados mediante una psicoeducación adecuada que les permita hacer frente a las crisis, sin temores infundados y con las herramientas más válidas; así como prevenir las recaídas.

La terapia farmacológica personalizada, especialmente durante las fases de desequilibrio, es otra de las claves. Benzodiazepinas, antipsicóticos y estabilizadores del ánimo son los fármacos más utilizados. Los patrones de cambios del estado de ánimo pueden ser cíclicos, comenzando a menudo con una manía que termina en una depresión profunda. En ocasiones pueden predominar los episodios maníacos o los depresivos. Algunos de estos trastornos se denominan ‘de ciclado rápido’, porque el estado de ánimo puede cambiar varias veces en un período muy breve de tiempo. Otras veces se presenta el llamado «estado mixto», en el que los pensamientos depresivos pueden aparecer en un episodio de manía o viceversa.

Faltan todavía dos años para que el actual gabinete pase al retiro. Mucho tiempo si se considera que 2010 fue el peor año de violencia en esta “guerra” que ya no es “guerra” en contra del narcotráfico, y todo hacer pensar que 2011 y 2012 serán aún peores, pues el nivel de agresividad de bandas criminales para evitar su extinción se ha incrementando, tal y como ocurrió en Colombia en décadas pasadas.

Por eso es importante que todas las decisiones que tome en adelante Felipe Calderón sean las mejores y, sobre todo, se tomen con la mejor capacidad mental posible. Hasta hoy se ve a un presidente desesperado y angustiado que lo hacen contradictorio o bipolar al grado de negar lo que apenas hace unos meses afirmaba categórico.

Las decisiones de Calderón

Durante los cuatro años de gobierno, Calderón se ha encargado de magnificar internacionalmente la fortaleza de las bandas del narcotráfico en México, al señalar constantemente la confrontación que plantea el crimen organizado en contra del Estado. Con ello justifica la intromisión de las fuerzas armadas en la “guerra” contra los cárteles de la droga.

El mandatario, incluso, ha insistido ante medios internacionales (espero que ahora no niegue esas declaraciones) que se siente amenazado de muerte por los jefes de la mafia del narcotráfico. También eso ha sido motivo para incrementar su seguridad personal y la de toda su familia, ampliar los operativos de protección en su entorno y hasta construir un bunker en Los Pinos por si hiciera falta y alguien lograra penetrar esa fortaleza de seguridad en que ha convertido la residencia oficial de Los Pinos.

Escribíamos hace algunos años en esta columna, como en la década de 1980 los “narcólogos” colombianos, como se les dice en ese país a investigadores y estudiosos del tema del narcotráfico, actividad criminal que en los años 60 y 70 azotó terriblemente a ese país y convirtió a su población en víctima de discriminación y repudio en el mundo, señalaban con precisión que el crecimiento y la organización de las bandas en México convertirían a este país en el sustituto de Colombia en relación con el tráfico de drogas, en la violencia generada por esa actividad, y ello terminaría por confrontar a dichas bandas criminales con el Estado.

Tuvieron que pasar muchos años para que el gobierno mexicano aceptara esa realidad y la grave crisis que ahora enfrenta por el crecimiento exponencial del crimen organizado y los delitos de tráfico y consumo de estupefacientes. Todavía algunos funcionarios se niegan a aceptar que México se ha colombianizado, como una forma de calificar la brutal violencia que tenemos todos los días en las calles por la actividad del narcotráfico en el país.

Así, mientras México avanza peligrosamente por una callejón que parece no tener salida, a pesar del cuantioso gasto de recursos públicos dispuestos por el gobierno federal y el aumento de personal policial y militar que trata de contrarrestar la violencia y la operación de los cárteles de la droga mexicanos, Felipe Calderón hace declaraciones irresponsables que sólo atemorizan aún más a la población y motiva a los cárteles para continuar con su actividad criminal.

En entrevistas periodísticas Calderón se ha quejado de ser amenazado de muerte, junto con su familia, por bandas del narcotráfico, como una forma de explicar el grave problema que enfrenta México y como una razón fundamental de Estado para haber ordenado la extradición inmediata de peligrosos narcotraficantes mexicanos para ser juzgados y encarcelados en prisiones de alta seguridad en Estados Unidos.

Esto último, según declaraciones del mismo Calderón, porque el gobierno que preside no tiene la capacidad para dar seguridad a los mexicanos y al mismo tiempo mantener en prisión a peligrosos delincuentes que día a día amenazan la paz, el orden y la seguridad nacional.

En medio de esta crisis de ingobernabilidad que ha tomado índices alarmantes de violencia, los cárteles de la droga parecen estar dispuestos a confrontarse con el Estado, como ocurrió en Colombia hace 20 y 30 años, y de seguir México el guión de lo sucedido en ese país sudamericano, la violencia aumentará y con ello los crímenes y secuestros de políticos, legisladores y servidores públicos; bombazos en edificios públicos y en instalaciones de medios de comunicación que investiguen y denuncien a los jefes de esas bandas; ajusticiamientos callejeros, como ya ocurre en todo el país; mayor consumo de drogas, incremento del tráfico de estupefacientes y una bonanza económica principalmente en los sectores financieros por el incremento en los montos del “lavado” de dinero.

La ineficacia y la corrupción que envuelve desde hace muchos años a la Procuraduría General de la República y a la Secretaría de Seguridad Pública, han sido las razones por las cuales la Presidencia de la República ha dispuesto del Ejército Mexicano y de la Armada para combatir a las bandas criminales y tratar de erradicar la siembra y producción de drogas.

Sin embargo, las fuerzas armadas ni están preparadas para hacer de policías ni deben salir a las calles a perseguir delincuentes, pues su función, como lo establece la Constitución, es vigilar y proteger la soberanía nacional. Pero como esto se ha violado, ahora militares y marinos de alto rango están expuestos al poder corruptor del narcotráfico, como ya sucedió en años anteriores, cuando algunos generales colocados en cargos de ministerios públicos se coludieron con cárteles de la droga y corrompieron todo el aparato de justicia y dejaron vulnerable a las fuerzas armadas.

El ejemplo de Colombia

Cuando las principales bandas del narcotráfico se apoderaron de ese país y empezó para el pueblo colombiano una verdadera pesadilla de persecución, odio y reproche mundial, y de la cual aún no pueden salir ni tampoco olvidar, el Estado colombiano estuvo sumido en una parálisis que lo llevó a la descomposición social de la que ahora apenas empieza a reponerse.

En el caso mexicano, la comunidad internacional observa que las bandas del narcotráfico acumulan mayor poder y la violencia sigue en aumento, con la consecuente disminución de inversiones y turismo. Así la imagen de México se deteriora todos los días y convierte al país en el principal centro de la droga en el mundo, aunque para todos es sabido que ese primerísimo lugar lo ocupa Estados Unidos, principal zona de consumo de marihuana, cocaína y drogas químicas, amén de ser el principal centro de “lavado” de dinero mundial.

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