Lunes 04 de mayo de 2009

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Por sus escasos resultados en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, México ha merecido que analistas nacionales y extranjeros aseguren que el país vive inmerso en un Estado fallido, en donde el gobierno central tiene poco o nulo control de su territorio. Y la conclusión es simple: el monopolio del poder que ejerce el gobierno federal, se ha quebrantado por poderes fácticos y criminales, propiciados éstos por la enorme corrupción del Poder Ejecutivo, la complicidad del Poder Judicial y el cinismo del Poder Legislativo.

Hoy, sin embargo, el virus de la influenza humana A/ H1N1, coloca a México en el mismo camino, en el de un Estado fallido. La respuesta del gobierno federal ante la epidemia, que ha obligado a intervenir a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para prevenir la pandemia, ha puesto en evidencia las deficiencias del sistema de salud mexicano, el quebranto del sistema de información epidemiológica y las carencias de un esquema de cobertura médica y hospitalaria. Nada nuevo para 80 millones de mexicanos que viven de milagro y en medio de una pobreza que no les permite tener acceso al sistema de salud privado y tienen que conformarse, sólo algunos de ellos, con la pésima atención del sistema de salud pública.

Si bien es cierto lo que argumenta el titular de la Secretaría de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, que una pandemia como ésta ya se esperaba y que cada 40 años la humanidad tiene que estar lista para ello, la pregunta que se hace la población ¿por qué aquí en México han ocurrido más decesos que en otros países? Para eso no hay respuesta y sólo se sabe que hoy México es el epicentro del shock que tiene paralizado a todo el mundo.

El tardío diagnóstico ha sido determinante en la gran mayoría de los casos. Desconocimiento, burocratismo en el sector salud y, sobre todo, la fallida estrategia de las autoridades de salud frente a la epidemia que se esperaba desde 2005; son sólo algunas de las razones. El sistema de cobertura universal no opera y el llamado “Seguro Popular” se confirmó como una gran estafa de los burócratas para con los ciudadanos que puntualmente pagan sus impuestos. Además, los niveles de pobreza y hacinamiento en los que vive la mayor parte de la población incrementan las condiciones para albergar todo tipo de enfermedades. Tampoco para ello hay respuestas. Alguien se ha preguntado cuántos mexicanos mueren diariamente por problemas de salud y alimentación. Porqué esas miles de muertes no han sido motivo para activar una alerta nacional y decretar Estado de emergencia. Quizás porque esas muertes no aparecen en los medios de información masivos y el mundo entero, aunque lo sabe, prefiere no ocuparse de ello porque la pobreza es un problema mundial

En Estados Unidos, en donde hasta ahora el único deceso corresponde al de un niño de origen mexicano, cuyos padres buscaron desesperados salvarle la vida en otro sistema de salud, se observa con lupa cada acción del gobierno mexicano. De hecho, el análisis de las cifras que ofrecerá datos confiables seguramente provendrá de ese país y no de los sistemas de información del gobierno mexicano.

Un embajador experto en Estados fallidos

Carlos Pascual, el nuevo embajador de Estados Unidos en México y experto en estrategias de desestabilización y en “golpes suaves” será, sin duda, una pieza clave. El sabe cómo hacerlo. Ahora podría tomar sentido el nombramiento de este hombre cubano estadounidense, experto en Estados fallidos y en programas de desestabilización en sociedades sometidas a profundos conflictos.

Si no lo sabe ya y no reconoce de manera tajante que el virus de la gripe antes conocida como porcina viene de su territorio, el gobierno de Barack Obama necesita información clara para saber qué tan letal es el virus y cómo podría encontrarse una vacuna lo antes posible.

Anualmente en Estados Unidos se presentan más de 36 mil muertes por padecimientos relacionados con la influenza estacional. Sin embargo, hasta ahora no se ha revelado información sobre los decesos por gripe porcina. Aún más, los expertos en epidemiología de ese país han dicho que les preocupa el rápido nivel de contagio del nuevo virus.

Aunque en el país vecino no se ha declarado una alerta epidemiológica, el vicepresidente Joseph Biden recomendó a los estadounidenses que si registran síntomas parecidos a los de la influenza humana eviten lugares concurridos y dejen de utilizar el transporte como metro, autobuses o aviones.

El mundo entero se pregunta el origen del brote de la influenza porcina que tiene en vilo y por igual a países en desarrollo y economías poderosas. Es casi un hecho que el gobierno mexicano no podrá ofrecer respuestas debido a que se niega a invertir en institutos de investigación científica en todos los sectores, principalmente el de salud. Pues al fin y al cabo sus políticos, sus legisladores y sus burócratas de primer nivel de gobierno pueden atenderse en el extranjero.

Lo que sí está en el centro de la atención son las granjas industriales que en México han encontrado terreno libre para la reproducción de animales en condiciones fitosanitarias poco vigiladas e insalubres, desde donde se abastece a la población de escasos recursos cualquier clase de productos agrícolas y animales, sin que alguna autoridad solucione el problema. Como un Estado anárquico en donde cualquiera hace lo que quiere mediante el soborno, el chantaje y la corrupción.

Los analistas en seguridad nacional y de inteligencia militar de Estados Unidos comparan la situación de emergencia que tiene paralizado el sistema político y económico, con las semanas de angustia que vivió ese país del norte y, en especial, la ciudad de Nueva York, después de los ataques terroristas del 11 de septiembre a las Torres Gemelas del WTC y que todos observamos por televisión.

Sin embargo, el gobierno federal mexicano tiene poco control de las restricciones que deben tomarse ante una emergencia como ésta. No se ha arriesgado, por ejemplo, a violentar los intereses de las poderosas empresas maquiladoras que siguen operando en la frontera entre México y Estados Unidos. Aún más, se mantiene el libre tránsito entre estados del país para no violentar las garantías individuales consagradas en la Constitución y en medio de un puente vacacional que se extendió de manera emergente, lo cual permitió el ingreso a centros vacacionales con el riesgo que ello conlleva.

Mientras en la ciudad de México se busca detener las concentraciones cerrando cines, restaurantes, espectáculos masivos y, en el estado de México, en donde su gobierno no quiere ser tachado de impopular, permite la operación de restaurantes, lo que ha provocado situaciones perniciosas y de riesgo. El control entonces ha sido vulnerado.

México ingresa así con un Estado debilitado a la emergencia sanitaria cuando la guerra contra el crimen organizado ha generado ya más de 6 mil muertes en 2008. Esa es la otra epidemia que no se ha erradicado del territorio mexicano, pero que ante la emergencia de salud nadie habla de ella y allí está y cada día se agudiza.

Otra pandemia de la cual ya no se habla y que ha lacerado a la economía mexicana, es el contagio sistémico de la crisis hipotecaria y financiera que mantiene en vilo a cientos de empresas mexicanas que no encontrarán recursos para refinanciar sus deudas. El Producto Interno Bruto (PIB) de la economía mexicana caerá más de 4.3 por ciento en 2009.

La nueva crisis que viene tiene que ver con el proceso electoral, en donde otra vez el factor del miedo se ha insertado entre la población, y si en los años 2000 y 2006 fue el virus AMLO el que promovió el gobierno para evitar que la centro-izquierda llegara al poder, ahora es la pandemia A/H1N1 que será utilizada por el gobierno federal para contrarrestar en algo la profunda crisis política que vive el partido en el poder y que sin duda le restará votos en la contienda intermedia. Otra vez el factor del miedo será utilizado por los panistas para manipular los resultados electorales.

El costo de la crisis ¿Quién lo pagará?

Un estudio de The Brokings Institution, el think tank, en donde el embajador de Estados Unidos aquí, Carlos Pascual, fue vicepresidente y director de Política Exterior, asegura que a diferencia de las pandemias de influenza que azotaron al mundo entre 1918 y 1919, ahora el mundo está mejor preparado. En aquellas décadas fallecieron a causa del virus al menos 50 millones de personas. Es un hecho, dicen los investigadores de este instituto, que hoy los sistemas de salud deberían estar mejor preparados para enfrentar este tipo de emergencias.

Sin embargo, también aseguran que frente a la pandemia que parecería inminente, los sistemas financieros debilitados podrían sufrir un colapso aún mayor con severas consecuencias para la economía.

La crisis pandémica del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARs) costó al mundo al menos 40 mil millones de dólares. En 2006, un estudio elaborado también por The Brokings Institution, estimaba que una pandemia incrementaría el costo de la operación de los negocios, generaría una sustancial caída en las fuentes de empleo y cambiaría profundamente los hábitos de consumo, privilegiando el distanciamiento social.

Un escenario de efectos intermedios estima que una crisis pandémica cobraría al menos 1.4 millones de vidas, reduciría el PIB mundial en al menos un punto porcentual, lo que representaría 330 mil millones de dólares, a precios constantes de 2006. El efecto se presentaría durante los siguientes cinco años posteriores a la tragedia sanitaria.

En un escenario catastrófico, The Broking Institution hablaba de 142 millones de decesos y un golpe a las economías en desarrollo de al menos el 50 por ciento. Bajo este supuesto, el golpe económico sería de 4.4 trillones de dólares, el 12.6 por ciento del PIB en esos cinco años posteriores.

Por ello, aunque los analistas de este instituto de inteligencia reconocen que la prioridad del mundo será crear, además de una vacuna contra la influenza humana, una reserva estratégica de fármacos antivirales como Tamiflu, del laboratorio Roche y cuya patente pertenece al exsecretario de la Defensa, Donald Rumsfeld, los gobiernos de los países desarrollados deberán prevenir una futura catástrofe financiera.

En los países en desarrollo como México, la prioridad será invertir en la reducción de la pobreza y en los sistemas de salud para manejar la pandemia en el largo plazo. El mundo tendrá que vivir, por ahora, con la influenza que llegó de México y que, por el momento, amenaza a todo el mundo.

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